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Martin Blaszko, el ecuánime
Eescrito por María Rosa Borràs

Catálogo de la Exposición MADI organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid 1996


Este artista cuya obra y trayectoria rivalizan en equilibrio peso específico e interés se integró en el movimiento MADI en el origen. “En 1945 conocí a Carmelo Arden Quin, el fundador del grupo MADI. Su obra me impresionó por la claridad, la frialdad y el rigor de ejecución. Yo, un individuo efusivo, inquieto, nervioso e impaciente, necesitaba esa lección de arte para lograr un equilibrio; entonces empecé a trabajar con él” (1).
Berlinés de origen, emigró con su familia a Polonia en 1933 y seis años después huyendo del nazismo se estableció en Buenos Aires, donde ha jugado un papel de primer orden en la renovación de la escultura argentina contemporánea. Es un pensador profundo, tremendamente lúcido, comprometido y con excelente sentido del humor. Dice que la misión del arte es lograr el equilibrio del hombre “frente a un mundo hostil, lejano y ajeno así como establecer un acuerdo entre hombre y naturaleza, estimulando los ritmos vitales de la fisiología humana”. Es autor de una obra ingente: “Tengo hechas alrededor de 120 esculturas y en cuanto a collages, pintura de caballete, óleos y dibujos, deben superar las 600 obras, pero lo que importa es la calidad, no la cantidad. Y sobre todo importa crear la conciencia de lo que significa el arte y algunos grandes artistas”(2).
A partir de pinturas de marco recortado, sobrias y armónicas, empieza a realizar formas tridimensionales que se elevan verticales en el espacio, a modo de monolitos pero de aspecto ligeramente piramidal más anchos en la base. Aumentan paulatinamente en complejidad y dinamismo, a la vez que parecen haber sido pensadas para ser realizadas a escala monumental. Blaszko cree que la escultura debe tener otras dimensiones, “estar al aire libre para ser asumida por la comunidad”(3).
El planteamiento a modo de monolito, el impulso ascensional de la escultura no dejará nunca de interesarle y a medida que aumenta el dinamismo mediante formas complementarias que se entrecruzan o se cortan, contrapone el ritmo vertical a una serie de ritmos diagonales. El ICA (Institute of Contemporary Art) de Londres convoca a un concurso de escultura en 1952 sobre el tema “El prisionero político desconocido” al que concurren más de 3.500 proyectos. Blaszko hará de su proyecto que recibe una mención, varias versiones y la convertirá en una de sus esculturas más famosas.
Es un monumento que descubre en la personalidad del escultor perfiles de hombre comprometido con su tiempo y que sueña que todo sea mejor y más justo. Más allá de los respetos humanos, hace valer de modo claro y radical su opinión independiente: “Durante su vida Curatela Manes nunca pudo ver una de sus obras en una plaza, mientras los mediocres, aliados con la burocracia afín, desparraman engendros afeando la ciudad. ¿Cómo puede permitirse que carteles publicitarios lesionen la imagen de la estatua del General Alvear que nos dejó Bourdelle?
Martin Blaszko, se propone constante e invariablemente en sus diferentes épocas la búsqueda de la forma siguiendo la sección áurea y el principio de la bipolaridad. Parece como si observando en todos los ámbitos del mundo natural, un reflejo de la lucha entre dos fuerzas antagónicas se hubiera propuesto expresarla en su escultura. Sin embargo el análisis de su planteamiento, básico, permite concluir que siempre prevalece la forma geométrica pura y simple, de contornos netos y la condición dinámica de la misma.
En 1961, paralelamente a la exposición que conmemoraba “Quince años de arte MADI” en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, se celebraba en la misma ciudad una monográfica de Martin Blaszko dedicada a sus “Quince años de escultura” que le situaba ya entonces en lo que hoy sigue siendo: uno de los más originales e interesantes escultores del panorama argentino y una personalidad cuya voz siempre ecuánime y ponderada es tenida en cuenta.
María Rosa Borràs
Catálogo de la Exposición MADI organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid 1996